Redactado por Pablo el 19 Marzo, 2009
Es curioso que una medida tan exacta como el tiempo pueda llegar a convertirse en algo tan relativo al grado de atención que presta sobre el objeto a medir. Lo que acabo de decir no es baladí, y me refiero a lo largo que se nos pueden pasar los minutos cuando estamos pendientes de que llegue alguien y la velocidad con la que se esfuma cuando algo desaparece temporalmente de tu cabeza.
Si me hubiesen preguntado hace unos días cuándo fue la última vez que escribí aquí, hubiera dicho que hace un par de semanas. Lo cierto es que no dice mucho del grado de atención que le vengo mostrando a este espacio si, dando un ruletazo al scroll del ratón, veo que la última entrada es de hace tres meses… y, poniéndonos un poco estrictos, hasta cinco.
La vida son etapas, y en mi caso, en los últimos años, han sido de poco más de año y medio. Esta ha vuelto a durar lo mismo. No quiero pensar que tengo un compromiso temporal con todo aquello en lo que me embarco. Me gustaría pensar que no todos mis proyectos son caducos y que, al menos los más importantes, gozarán de cierta perennidad.
Poniendo las cartas boca arriba, más que por no estar dispuesto a dedicarle nunca más ni un segundo de tiempo, es por dedicar dinero a algo a lo que apenas le doy uso. Lo bueno que tienen estas cosas es que una copia de respaldo antes de irte te facilita volver a las andadas en el momento en que consideres oportuno.
Por eso, antes de apagar esto por completo, haré lo propio: copias de la base de datos, del módulo, los plugins y el contenido multimedia, que nunca se sabe en qué momento te volverá a apetecer ponerte delante del ordenador a contarle al resto del mundo lo que se te pasa por la cabeza. Lo que sí tengo claro es que será desde casa y no a través de una empresa de hosting.
Hasta luego, amigos.
Redactado por Pablo el 22 Diciembre, 2008
Que siempre me termina pasando es algo evidente. Cuanto más digo que voy a actualizar, más tardo en ponerme manos a la obra. Y es que, al final, cuando uno no lo hace ya ni siquiera es por falta de ganas, sino por no tener algo que contar, y en caso de tenerlo lo ve con un interés meramente personal e intransferible (como los carnés o algo así).
Mirando la fecha, y viendo que es 22 de Diciembre, me gustaría decir que el motivo de la actualización es que soy uno de los afortunados en poseer un cheque de 300.000 € al portador con número de serie 32365, pero me temo que la triste realidad me tiene reservada muchos años sin poder dar esta noticia, pues no están entre mis hobbies los juegos de azar.
A dos días de Nochebuena se podría decir que es para felicitar la Navidad, un tema bastante recurrente para escribir algo más en este rinconcillo, pero no sé hasta qué punto le dedicaría una entrada a este tema. Ya el año pasado comenté algo, y, o Dios me leyó, o la gente intenta darle un poco de aire a la asfixia que ha ocasionado tanta crisis. La cuestión es que veo a la gente con algo más de ánimos por disfrutar estas fechas que el año pasado. Me alegra.
Pero ni una cosa ni la otra: simplemente son ganas de dar señales de vida, de acordarme que aquí tengo un hueco que creé para no perder nunca la buena costumbre de escribir un rato, de expresarme, de contarle a la gente lo que se me pasaba de vez en cuando por la cabeza… Aunque siempre terminamos volviendo a lo mismo -más con la Navidad que siempre llegan los buenos propósitos-, seguiré proponiéndome retos y a la vez posponiéndolos o a cumplir sólo la mitad de lo que me planteo porque, como me decía mi abuela: una cosa por la otra, la otra por la una, y, al final, la casa sin barrer.
Feliz Navidad y más felicidad aún para el año que entra.
Redactado por Pablo el 4 Noviembre, 2008
Se antoja un tanto curioso que, independiente de la edad de la persona con la que hablemos, el mirar hacia el pasado siempre hace plantearnos mejores etapas de la que actualmente vivimos. Cualquier conversación está plagada de guiños a lo que hacíamos años atrás y de cómo todo aquello nos reconfortaba más de lo que hacemos hoy en día. Aún más curioso es cómo esa nostalgia se hace cada vez más patente en las nuevas generaciones, a las que apenas un par de años ya se les hace toda una vida y hablan como verdaderos ancianos de lo que hacían hace unos meses. Gente que apenas llegaron a habituarse a las pesetas, cuyas primeras Olimpiadas en recordar son las de Atlanta’96 o a los que un tal Curro les suena de oídas.
Hay que reconocer que hasta hace poco me gustaba mirar de vez en cuando al pasado porque a menudo piensas, como la canción, que cualquier tiempo pasado parece mejor; pero uno se da cuenta a medida que pasan los años que todo lo que suene a pretérito carece de importancia en el presente, que no son más que la base de lo que uno es a día de hoy y que posiblemente sea el manual de instrucciones de lo que puede y no puede hacer con miras al futuro.
Tempus fugit, que decía el clásico… Mientras tanto, seguimos perdiendo el tiempo sin disfrutar las pequeñas cosas que nos brinda el día a día.
Redactado por Pablo el 24 Octubre, 2008

Del 20 al 22 de ese mes se ha celebrado la Conferencia Internacional de Software Libre (o la Open Source World Conference, que en lengua sajona le da un cierto aire de importancia) Como en casi todo tipo de conferencias, lo realmente importante son los servicios añadidos: regalos y avituallamiento, de los cuales nadie puede quejarse después del precio a pagar por asistir a ella. A destacar el desayuno a base de bollería, café, zumo y fruta, y la maleta con su respectiva taza publicitaria y el par de camisetas, para hombre y mujer, que incluía el maletín.
Y hasta aquí mi resumen de la Conferencia, porque la información de los stands de empresas del tamaño de Oracle brillaban por su ausencia, reservando apenas dos metros cuadrados en los que una bella chica te daba un panfleto en inglés, dos caramelos y te lanzaba una pregunta tan intimidante como con qué versión del SGBD trabajabas. Lo cierto es que uno iba con la ilusión de encontrarse con algo más que un pabellón que se visitaba en poco más de una hora y con profesionales del sector, y no sólo con muñecos que prestaban su cara detrás de un mostrador.
Redactado por Pablo el 14 Octubre, 2008
El sector informático es posiblemente el más castigado con estereotipos e incluso yo, que me encuentro en él, suelo ser bastante crítico en este sentido. Por poner un ejemplo, siempre he diferenciado entre dos tipos de informáticos: el friki y el snob. De la diplomacia que me caracteriza en casi todos los aspectos de mi vida, es de Perogrullo pensar que no soy portavoz ni de uno ni de otro grupo; de hecho, por mi naturaleza, lo normal hubiese sido desmarcarme totalmente de ambos sectores, pero por mucho que uno luche, el reverso tenebroso de cualquiera de las dos tendencias acaba llegando a la vida de uno.
Y es que hace unos días, aprovechando una suculenta oferta de la tienda Apple del barrio, y después de ver que Luis se acababa de hacer con un iMac y con él se me hacía la boca agua, no me quedó más remedio que hacerme con el gadget que aparece en la foto. Por dar alguna excusa tonta a este capricho: 1) mi MP3 de apaño hace ya meses que murió y 2) nunca me han llamado la atención las bibliotecas musicales, pero Amarok me ha descubierto la comodidad de disfrutar de la música cuando se tiene bien organizada. De buscar algo, era el momento de hacerlo por la puerta grande y hacerme con algún aparato que me diese cierta versatilidad a la hora de organizar la música (y si encima tiene todo lo añadido a un iPod Touch, ni qué contar).
Han pasado siete años desde que me hice con el primer reproductor de MP3s. Por aquel entonces los euros acababan de llegar a las manos de los españoles y los precios en las tiendas aún tenían el precio en pesetas en grande y en la nueva moneda en miniatura. Los 140€ del aparato de 128 Mb y pantalla de cuarzo con capacidad para tres líneas le hacían pensar a uno que el progreso tecnológico estaba tocando techo. Pero uno mira ahora el diseño, la versatilidad, los 16Gb de capacidad y la interfaz y 1) se da cuenta que aún nos queda tiempo para tentar el techo tecnológico y 2) se la trae al pairo lo snob que pueda resultar pagar lo que hay que pagar por cualquier producto del tito Jobs cuando uno tiene en sus manos un producto de este tipo.
Comentarios recientes